viernes, 6 de septiembre de 2013

Gracias por Existir

"Dos amigos recorrían el Camino de Santiago. Un día, quizá por el cansancio, el sol y el polvo, uno de ellos pegó un empujón al otro. El empujado se paró y en la arena escribió: <<Hoy mi verdadero amigo me empujó>>. Pasaron las jornadas de caminata y, quien en su día fue empujado, estaba a punto de ahogarse en un río bravo. Sin pensárselo, su amigo se lanzó y le salvó. Acto seguido, escribió: <<Hoy mi verdadero amigo me salvó la vida>>. Pero esta vez lo grabó con una navaja en la piedra."
Son momentos duros, momentos para escapar corriendo, aquellos en los que abandonamos el juego y salimos perdiendo. No hay ganas para afrontar absolutamente nada y la tristeza deshoja los pocos pétalos que alegran nuestro rostro. Las heridas, traviesas y profundas, desmienten cualquier tipo de felicidad que mostremos ante las cámaras. Así es, nuestro dominio óptico no es capaz de percibir tal fenómeno del organismo. Maligno, perverso y tan dañino como el tabaco. Un virus inmortal.
Mantente alejado nos dicen los especialistas, tratando de resolver lo que no tiene solución y animando lo que la brisa abandonó. Pero cuando todo parece perdido, aparece, de la nada, como un sol naciente. Te esperaba amigo. Apareciste en el momento justo y necesario. No puedo estar más seguro de lo que digo. Los hilos fueron movidos de una forma extraordinaria. No sé quién, cómo ni por qué, pero lo hizo. Cerrar una puerta y abrir una ventana del tamaño del Big Ben sólo puede ser algo de origen divino, algo antinatural, algo que nuestras mentes no pueden alcanzar. Solamente queda decir gracias. Gracias por venir y estar aquí, por aguantar y prevenir. Por estar a la altura de las circunstancias y no desistir. En definitiva, gracias por existir.
                                        
                                                                                                       
"Siempre me ha parecido que a un ser humano sólo le puede salvar otro ser humano"
Heinz Günther Konsalik (Escritor alemán)
                                     

jueves, 29 de agosto de 2013

La salud mental no es un juego

Un buen equilibrio entre nosotros y nuestro entorno socio-cultural nos da una gran calidad de vida y por tanto, una salud mental favorable. El comportamiento de una persona en su vida diaria dice mucho de su salud mental. La manera de afrontar nuevos retos, conocer gente nueva o hacerle frente a situaciones difíciles o momentos traumáticos, permiten conocer en qué estado se encuentra la persona.
La convivencia con otras personas puede hacer que nuestra salud mental oscile entre valores máximos, que son aquellos momentos en los que estamos a gusto con nosotros mismos y tocamos con la yema de los dedos la propia felicidad, y mínimos, aquellos en los que no podemos con nuestra condición y tiraríamos a alguien por la ventana. Esto podría contribuir a muchas enfermedades somáticas y afectivas como la depresión o la ansiedad.
Cuidar nuestra salud mental no es fácil. A veces no queda más remedio que someternos a situaciones que no nos vienen nada bien y que debemos afrontar de la mejor forma posible. Y en algunos momentos en los que nos sentimos solos nos preguntamos si lo hemos perdido todo por nuestra mala cabeza. No todos los casos serán iguales, pero deberíamos pensar si realmente lo hemos perdido todo o nos hemos librado del mayor veneno de nuestras vidas y del peor arma de destrucción de nuestra salud mental. 
El mayor error que podemos cometer es empecinarnos en solucionar los problemas de los demás y verlos como si fueran nuestros. Podemos ayudar y dar opiniones, pero no CARGAR. Nuestra salud mental está en juego. Es un patrimonio que debemos cuidar y mimar por encima de todas las cosas.

                                         
"En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad"
Facundo Cabral (Cantautor, poeta, escritor y filósofo argentino)