martes, 24 de julio de 2012

Belleza innata

Faltaban alrededor de tres horas para que cerraran. Una sombra fugaz pasó casi volando al fondo de la sala. Al principio pensé que se trataba de un simple reflejo entre los cristales y las estanterías, pero resultaba ser algo muy diferente. Una belleza misteriosa merodeaba por aquellos pasillos y aunque intentara pasar desapercibida, hacía que muchos dudaran de su existencia. Y no lo digo yo, lo decían las miles de personas que te conocían y que daban fe de ello.
Había tanta gente que costaba moverse en el tumulto, pero tú destacabas igual. Tu forma de pensar rompía cualquier tipo de método establecido que intentara cambiar tus condiciones y tus ideales. Unos ideales medidos al milímetro y que sólo eran acordes al mundo fabuloso en el que solías vivir. Pero no pasaba nada, si alguien se metía con el broche en forma de flor que adornaba tu humilde blusa de colorines, respondías: "es una flor que adorna otra flor". Y así, terminaba el parloteo.
Antes de comenzar la gran conversación, aquella que tuvimos el día que tenía que enfrentarme a la última prueba y que me ayudó muchísimo, demostraste que había algo en tu vida que era mucho más importante que cualquier otra cosa. Algo que te acompañaba siempre, y que te cuidaba y mimaba como nunca nadie lo había hecho. Si eso faltaba, tu vida ya no tendría sentido y el mundo sólo sería un lugar triste y frío, ocupado por miles de monstruitos que te querrían comer. Ahora el destino cambió tu rumbo. "Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos".

"La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora"
José Ortega y Gasset (Filósofo y ensayista español)

sábado, 7 de julio de 2012

Feliz a pesar de todo

No sé cuánto tiempo estuve vagando por las calles, pisoteando mi dignidad a base de intensas carreras e intentando encontrar mi camino. Me dirigí hacia el sitio indicado y la encontré. Allí estaba ella, su vestido azul, su pelo brillante peinado en un moño precioso y su silla de ruedas. Cuando pasé por ella y mientras su perfume de lavanda me acariciaba como una pluma, saludó amablemente y movió su boca trazando una gran sonrisa. Y entonces ocurrió algo indescriptible que me hizo crear esta entrada. "Hola, ¿qué tal? Antes vi pasar a tu madre". Jamás pensé que ella podría suponer que yo era el hijo de mi madre, quiero decir, que seamos de la misma familia sin habernos visto nunca juntos. Hasta ahora siempre saludaba a mi madre cuando pasaba sola en el coche y me saludaba a mí cuando salía solo a correr. Pero mientras saludaba, intentaba enlazar a todas las personas que vivían en aquella calle. No sólo era dichosa sino que también trataba de conocer la vida que le rodeaba ahí fuera con los pocos medios de los que disponía.
Pese a los tiempos que corren, en los que ya no puedes colocar santos con fecha de caducidad en los mejores pedestales o en los que debes luchar durante meses y meses por un buen café, ella siempre se sentía afortunada. Pasaba horas y horas en la puerta de aquel garaje, sentadita en su silla y saludando a todo el vecindario. Sus circunstancias no le negaban el gran placer de sentir la belleza de estar vivo. Aunque los vecinos salieran a la calle para tirarse los trastos a la cabeza, ella mantenía la compostura en su trono y no dejaba que tales perturbaciones incordiaran a su preciada vida. Ella es FELIZ A PESAR DE TODO.

"Las fuerzas naturales que se encuentran dentro de nosotros, son las que verdaderamente curan nuestras enfermedades"
Hipócrates de Cos (Médico griego)